
Miles de argentinos se harán eco de una idea lanzada al mundo por un vecino de la localidad bonaerense de Lomas de Zamora, quien vio en la llegada del "hombre a la luna" -concretada un 20 de julio- una forma de unir a los pueblos a través de lazos de
amistad.
Muchos se sumaron a la iniciativa de Enrique Ernesto Febbraro, un profesor de psicología, músico y odontólogo, quien envió la idea de festejar "la amistad" el mismo día del alunizaje en más de 1000 cartas a diferentes países, y logró que le respondieran 700 personas.
A fuerza de sacrificio y más de 1.000 postales enviadas a distintas partes del mundo, Febbraro logró imponer su idea en todo el planeta. El inventor admite que "querer tener un millón de amigos es un gran bolazo".
Así, el hombre que inventó el Día del Amigo dice que la amistad es una cuestión teórica. "Es una virtud que se hace notar sobre determinadas personas y que se acaba", reflexiona.
Febbraro tiene la patente de invención desde 1972 y luego la donó a la asociación de rotarios. El hombre dijo que ya cuando tenía 18 años había pensado en inventar el Día del Amigo, pero recién en 1969 pudo cristalizar la idea, en coincidencia con el primer alunizaje del hombre.
"El Día del Amigo me costó mucho, mucho dinero. El gasto fue tremendo. Fueron varias vacaciones, el auto y muchas cosas de las cuales debí privarme, pero nunca pedí ninguna retribución por lo que hice", dice Febbraro. Preocupado por definir la amistad, explica que "un amigo no da consejos: ayuda, acompaña", y asegura que "un padre que da consejos es un padre, pero jamás un amigo".
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